Sensaciones


De vez en cuando la veo. Mi ruta al trabajo cambia en función del autobús que antes llegue a la parada; y un número 6 termina siendo el responsable del tipo de pensamientos con los que comienzo el día.

marquesadeparadas1No sé cómo se llama. No sé qué edad puede tener. Es de las personas con las que nunca se llegaría a acertar porque los surcos de su rostro posiblemente siempre estuvieron ahí. Un pequeño moño sujeta su pelo ceniza. Sus ropajes le aportan imagen de antigua castañera. Y unos tablones de madera y otros de cartón con dos paraguas negros y un trozo de manta y plástico, le ayudan a engañar al frío y la lluvia en una céntrica y conocida calle de Sevilla.

Jamás la he visto pedir. Puede ser que, a la hora de la mañana en que la veo, aún esté despertándose a su realidad. En algunas ocasiones, marea un vaso de café caliente haciéndole cumplir función de guantes, y siempre que no mira al suelo o contempla el humo salir del vaso, me sonríe. Me entristezco imaginando qué cosas han podido pasar en su vida para que esos sean sus amaneceres. Recuerdo el frío de esa noche -que metida en mi edredón me ha despertado y obligado a coger otra manta- y observo de nuevo su pequeña cueva, su palacio. Me pregunto quién, cada mañana, le proporciona el café. Me pregunto quién es “la Marquesa de Paradas”, pero no se lo pregunto. Me asusta importunar su reino. La observo, me mira, le sonrío, me sonríe, y su sonrisa mantiene la mía el resto del camino.

No sé por qué me he puesto a escribir sobre ella. A lo mejor, porque esta mañana la he encontrado especialmente acompañada. Junto a su café, un grupo de palomas rodeaban su falda mientras les hablaba desmigando pan duro. A lo mejor, porque desde que la he recordado, no he dejado de sonreír.

Anuncios

buganvilla_roja11No existe “el estado perfecto”. No existe “la situación ideal”. Son dos afirmaciones oídas en numerosas ocasiones que, colocadas en boca de mi hermano y de una amiga/hermana, he sido capaz de entenderlas en toda su complejidad.

 

Incompleta. Siempre incompleta. Siempre queriendo más, intentando más, ilusionándome, añorando, desorientándome, asustándome, huyendo. Anhelando más. Intentando superar situaciones… intentando superarme. Y agotándome.

 

Incompleta. Nada que ver con los estados de felicidad -una felicidad que, lejos de momentos y tiempos maravillosos, estoy segura que nadie llega a experimentar de manera lineal y continua-. Este adjetivo definiría mi vida entera. Toda mi existencia. Pero, por una vez en mucho tiempo, mi alma y, lo que es más importante, mi mente están en paz. He sabido exactamente lo que quiero y he sabido salir a buscarlo sin dudas.Tomé la mejor decisión de mi vida convencida, feliz, calma, segura; sabiendo a ciencia cierta que es la mejor que jamás tomaré. Por una vez, soy una Alicia en el país de las maravillas capaz de preguntarle al gato cómo se va a donde quiero ir. Porque sé exactamente dónde quiero llegar.

 

No me he conformado, no me he acomodado. Sigo soñando. Sigo queriendo más, pero he dejado de torturarme por no tener todo aquello que desearía. He dejado de huir, de correr atolondradamente sin admirar el paisaje. Seguiré encontrándome obstáculos. Seguiré viviendo grandes desilusiones y seguiré siendo capaz de superarlas. Seguiré entusiasmándome y emocionándome con cada pequeño acontecimiento y a cada momento.

 

Y, algún día, dejaré de tener miedo.

 

 christmas31

  

Ya se va acercando la Navidad. Me encanta. Soy una verdadera enamorada de estas fechas. Sin duda, mi familia, mi infancia, mis amigos y mis viviencias me han marcado. También siento la melancolía y la falta de las personas queridas que ya no están, al menos físicamente. Pero su recuerdo, las luces, el frío, las reuniones continuas, las comidas y quedadas con la excusa de las fiestas, los villancicos y el que todo el mundo intente ser un poquito mejor por unos días, me hacen feliz.


Desde este pequeño espacio cibernético, que me permite comunicarme con todas aquellas personas que veo, y también con todas las que no sólo no veo, sino que no conozco, y a la vez me permite conocer y que me conozcan, quiero aprovechar para felicitar la Navidad.

Más allá de las creencias, más allá de la religiosidad o del significado que estas fiestas puedan tener para cada cual, es un tiempo de compartir. Es un tiempo de acordarse de quien uno no se suele acordar el resto del año pero no pasa ni una nochebuena sin llamar, porque es un tiempo especial. Puede entenderse como hipocresía, o puede entenderse como oportunidad. Yo lo entiendo como la segunda opción.

christmas_candleMi casa ya está decorada, mi corazón también. Este año más.

 Cada año se hacen propósitos. Ya son tres años los que han pasado desde que me propuse, y no en navidad, no hacer ni uno más. Me mantengo en la misma línea. Ya no hago propósitos. Hago planes. Y no sólo por el nuevo año. En estas fechas, sencillamente, me ilusiono más con ellos.

 Pero como son unos días que mucha gente vive con gran tristeza y que otra mucha ni siquiera puede vivirlos con pena, simplemente porque no tiene oportunidad de hacerlo, a ellos va dedicada esta “canción de navidad”.  Quizá mi hijo o mi hija sea uno de ellos. De a los que nadie cantó… y de los que, algún día, podrá escucharla.

 

Sentada en mi sofá, leyendo con la televisión encendida, -con el sonido lo suficientemente bajo como para no distorsionar la lectura y lo suficientemente alto para oír movimiento y sentirme acompañada en una tarde sola y fría-, he dejado el café en la mesa y he levantado la vista para que me diese tiempo a localizar el anuncio del que provenía una preciosa canción.

Por supuesto la he localizado. Tanto la canción como la letra. Y como YouTube es una maravilla, he empezado a buscar algún que otro video. Mientras escuchaba una magnífica grabación en directo, como mi inglés es tan lamentable, me he ido ayudando de la letra para entenderla. Lo que en un principio me dio la impresión que iba a ser una bonita canción de amor, conforme avanzaba, se iba convirtiendo en una de las canciones más tristes que he escuchado nunca.

Y como la curiosidad no es buena, (pero tampoco mala), he seguido indagando a ver con qué videos se le ocurría a la gente relacionarla. Me he quedado helada, petrificada, con uno que probablemente sea de los que llegan a los correos y se reenvían para que veamos hasta dónde somos capaces de llegar los humanos, si en este caso se nos puede denominar así.

He intentado ponerme en las mismas circunstancias y comprender la manera de proceder de todas y cada una de las personas que pasan por la cámara. He intentado entender el bullicio, el ajetreo, el despiste, las prisas del ir y venir, el pensar que hay más gente, el pensar que no es una persona enferma ni fallecida, que es un indigente, un drogadicto, un borracho…, pero, en cualquier caso, dormido… y me he ido indignando por momentos. He pensado cuáles hubiesen sido mis pasos, mis movimientos, mi hacer o mi no hacer. Y de la indignación he pasado a la pesadumbre y me ha invadido una inmensa tristeza.

Y he pedido mi primer deseo de navidad.

“Que la indeferencia no nos haga cómplices”

ell-vuelo-de-la-libelula

 

En un intento de inmersión idiomática he estado buena parte de la tarde tratando de traducir algunas palabras al Wolof. Una tarea nada fácil, pero sí bastante fructífera. Entre aquellas que para mi tienen un significado especial se encuentra Xund-Xund, Libélula.

 

Por una vez no cambio, sólo me traduzco. Quizá cada cambio que acontece no es más que una mera traducción. A los propios acontecimientos, a los contextos, a los ambientes, a las personas. Como un paso más en lo que venimos a llamar identidad, y que no es más que un cúmulo de procesos de identificaciones, encuentros y desencuentros en constante adaptación y evolución; me voy acercando a la realidad de Senegal. Un país, aún demasiado desconocido, al que me voy avecinando y con el que cada día me voy familiarizando más.  

 

Traduzco mi nombre. Cambio el pseudónimo del perfil y sustituyo “El vuelo de la libélula” por  “Xund-Xund”. Siendo yo, pero adaptada, me siento un poco más de allí. Siento “el allí” aún más cercano.  

Llevo casi el mismo tiempo sin escribir que sin dormir.  Es mucho el tiempo, y no pocos los acontecimientos ni las nuevas, y diferentes, ventanas que parece que el viento insiste en abrirme, cada vez que consigo cerrar una.

Tampoco estoy especialmente inspirada para escribir, pero no me va a hacer falta. Esta mañana, camino del trabajo y con mi recién regalado mp3, de nuevo, la música ha vuelto a sorprenderme consiguiendo atrapar todo mi maremágnun emocional a través de una canción. Y, nuevamente, he caído en la cuenta de que este tipo de sensaciones no son exclusivas.

A quienes las habéis sentido. ¡A quienes las habéis compartido!

Llego desde Donde los Dragones Vuelan , a ratos llorando, pero sin estar cansada. Quiero pensar  que las lágrimas son más de alegría y esperanza que de añoranza y pena, pero debe haber un poco de todo. Será lo que tiene el empezar de nuevo.

Amounsulu . Aquí comienzo. Igual de emocionada. Igual de entusiasmada y con las mismas ganas de conocer el maravilloso país del que finalmente vendrá mi hijo o mi hija, Senegal. En varias ocasiones he leído experiencias de familias que afirman, plenamente convencidas y sin reparos, que tu no eliges el país donde buscar a tus hijos, sino que es el país el que te elige, porque, con independencia de la nacionalidad, de la forma de los ojos o del color de su piel, tu hijo/a es, simplemente, quien tenía que ser. Y quiero brindar por ello, aunque sea metafóricamente hablando.

Brindaré de la mejor forma que se me ocurre, y aprovechando que no hace ni dos semanas que acabó el Ramadán celebraré el “Tajabone”. También metafóricamente, o mejor dicho, musicalmente hablando.

“Tajabone”, en wolof (idioma utilizado por cerca de la mitad de la población senegalesa y lengua nativa de la etnia wolof) significa aguinaldo. Es una fiesta musulmana de Senegal que celebra el fin de Ramadán, que festeja el fin del ayuno. La gente se intercambia comida, se reparten dulces, y los niños, disfrazados de niñas, y las niñas, disfrazadas de niños, salen a la calle, a pedir lo que para nosotros sería el aguinaldo de navidad. Es una gran festividad, una gran celebración.

La canción, interpretada en wolof, invita al Tajabone y repite las preguntas que “el ángel Abdou Jabar te hará, al bajar del cielo para llevarse tu alma, ¿has ayunado? ¿has rezado?”. Pero realmente es de esas canciones que lo dicen todo sin tener que entender nada.

Hoy, como si hubiese hecho ayuno, después de unos días duros, celebro el Tajabone.

¡Celebro Senegal!

 

« Página anterior