Música


Casiopea es mi constelación preferida. No sabría decir el porqué, pero ya soy perfectamente capaz de localizarla en mi techo y en el cielo -aunque la forma y dimensiones de la primera nada tienen que ver con la realidad-. Hasta hace poco tiempo era sólo mía, pero después de ser testigo de cómo el compartir estrellas y planetas hizo que Venus brillara más, no quise menos luz para ella.

Lo más maravilloso de mirar las estrellas es que puedes pedirles todo aquello que deseas y en algún momento te responden, a veces con una fugacidad, a veces con un parpadeo o un guiño, y, a veces, con un deseo cumplido. No se limitan a los espacios donde fijamos la mirada, Adiss, Da Nang, Volgorod, Dakar, Baleares, Galicia o Andalucía.

Siempre me ha fascinado el hecho de que esté donde esté puedo verlas y ellas… a mi, y al mundo entero. Nos observan y comparten nuestro plan. Y unen esperanzas, corazones y muñecas de cualquier aldea, región, país o continente con tan sólo darle un poco de hilo rojo al abuelo de la luna.

Si algo he aprendido en todo este tiempo es que no importa donde vayas o donde busques, ellas nos conocen y nos eligen. Y eligen bien.

“[…]- “Porque sueño no lo estoy. Porque sueño, sueño… Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día. Porque no amo. Porque me asusta amar. Ya no sueño. Ya no sueño. A ti, la dama, la audaz melancolía, que con grito solitario hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio. Tú que atormentas mis noches cuando no sé qué camino de mi vida tomar… te he pagado cien veces mi deuda” (Léolo)

A veces me lo imagino, a veces me la imagino. A veces ya no imagino.

He soñado vidas, personas, caras, edades, momentos, paisajes, países. Me he imbuido en libros, en películas, en procesos, en historias. Quizá el error ha sido no sólo pedirle a un libro que me diga que hay más vida de la que puedo abarcar, sino también el pedirle a un sueño cómo hacerlo.

No hay noticias, no hay novedades, no hay movimientos, no hay conocimiento, no hay plazos, no hay canales y no hay información. No hay avance. No hay cambios. Y no sé si hay alternativas.

Pero esta noche volveré a acercarme a Camelot. Y, quizá, mañana llegaré.

                                        

                                       Porque sueño…

 

Teranga significa hospitalidad; y caracteriza Senegal. País que asoma discretamente su nariz hacia el oeste, por el aroma del mar, en busca del Atlántico. Limita al norte con Mauritania, al sur con Guinea Conakry y Guinea Bissau y al este con Malí. Y es tan hospitalario que rodea en su interior, con un valle, a la República de Gambia.

 

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Su historia es la historia compartida por muchos otros países de África, de dominación, esclavitud y colonización, hasta 1960, año en el que consiguió la independencia. Los conflictos bélicos con los países vecinos también han marcado su historia reciente.

 

En cifras, la población senegalesa, que no alcanza los catorce millones de habitantes, tiene una esperanza de vida de 56 años; el número de hijos por mujer es superior a 5 y la tasa de analfabetismo al 60%.

 

La República Senegalesa se divide en once regiones, compuesta a su vez por 34 departamentos. Cada región toma el nombre de su ciudad capital: Dakar (capital del país), Diourbel, Fatick, Kaolak, Koldo, Louga, Matam, Saint-Louis, Tambacounda, Thiès y Ziguinchor.

 

La mayoría de la población es musulmana y aunque la lengua oficial es el francés, la gran variedad de etnias que posee el país, hace que esta lengua sea utilizada sólo por una minoría. Los wolof representan el 45% de la población, seguidos por los fulaní (22%), serer (15%), jola (4%) y mandigos (3%).

 

isla_goreeSu ubicación en el extremo oeste de África siempre resultó ventajosa para el comercio marítimo con Europa y América, por lo que se generó allí el mayor puerto de la región. A tres kilómetros de la costa de Dakar, se ubica la isla de Gorèe, de 17 hectáreas, una de las principales Casa de Esclavos entre los siglos XVI y XIX. La isla de Gorèe, junto con la posición estratégica de Dakar, hizo que gran parte del comercio de esclavos se realizara por las costas senegaleses.

 

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Se calcula que al menos veinte millones de hombres, mujeres y niños fueron secuestrados de sus aldeas, trasladados y vendidos a tratantes que se establecieron en la isla de Gorèe, donde eran alojados en calabozos, encadenados y colocados espalda con espalda, a la espera de ser vendidos y embarcados rumbo a América y Europa. Esta isla fue declarada Patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1978 por su valor histórico.

 

Por la historia, y a pesar la historia, Senegal sigue siendo una tierra de bienvenida, solidaridad y acogida. Es “el país de la teranga”. El país del Baobab.

 

Nuestro país.

 

Desde hace un tiempo mi tiempo no es. No tengo.

 

Desde hace un tiempo me dedico a correr. Quiero hacer todo aquello que sé que, una vez con mi estrella, no podré hacer, porque todo el tiempo será suyo. Aún así, intento detenerme, obligarme a hacer pequeñas paradas, ligeros descansos, incisiones en el espacio, cambios de aires, actividades alternativas a la rapidez. Lo consigo, pero sólo durante el tiempo que dura ese instante. Pasado el momento, sigo pisando el acelerador.

 

tiempoLa velocidad se ha hecho un hueco demasiado grande en mí. Veo pasar a través de las ventanillas el paisaje demasiado rápido. Lo intento admirar, disfrutar, pero no da tiempo. Veo a la gente en el camino, disminuyo el paso pero no me detengo. Si realmente quieren subir, que se den prisa. Yo hice el esfuerzo de aminorar.

 

No sé donde debo ir a recuperar mi paciencia. La perdí. Perdí la porción que me corresponde y la que siempre he compartido con los demás, la mayor. Ellos también pueden, que corran. Pero no corren. Y yo no espero. Y sigo mirando a través de los cristales cómo se quedan atrás. Cómo los dejo atrás.

 

Esta mañana me desperté sin notar el corazón acelerado, sin ir a por el café haciendo una lista mental de todo aquello que debo dejar hecho hoy.  Me he sentado delante del ordenador para ir adelantando tareas y he frenado en seco. Quiero bajar y dejarme ayudar a empujar el tren.

 

No quiero en mi viaje, no quiero conmigo, sólo a quien corra más. Necesito a mi lado al lento, al desganado, al cojo, a la floja, y al despistado.

 

No es el caso, no me siento así. Ahora, en este momento. Pero los momentos son de lo más inoportuno y conozco la sensación.

 

lluviaUn gran suspiro con motivos. Ni pocos, ni muchos, ni demasiados, suficientes. Los pulmones llenos de aire y ahogados a la vez. Un segundo suspiro, un cúmulo de pensamientos por instante, el sentimiento de que el tiempo no avanza, de que nada avanza, de que nada ha salido, sale, ni va a salir bien. Un tercer suspiro, una lágrima, dos lágrimas… y la lluvia.

 

La incertidumbre, el trabajo, el pasado, el presente, los amigos, la familia, los amores, los desamores, el futuro, la eterna espera. El desconsuelo. El llanto como alivio y la música como aliada.

 

Hoy comparto una de mis canciones de lluvia,

 

 y la certeza de que el tiempo pasa, la espera acaba y escampa. Siempre escampa.

“Es la historia de dos sueños. El de Marem, una niña bailarina Senegalesa de 14 años de emigrar a Europa, y el de Sonia, una bailarina Española atraída por la magia de África. A las dos las une Pap Ndiaye, padre de Marem y marido de Sonia.  Ni África es como Sonia soñaba (Pap Ndiaye tiene dos mujeres más) ni Europa es como Marem soñaba (no hay niños en las calles y también hay pobreza).  Princesa de África es una bella historia de amor, de música y de danza, donde las cosas no son como parecen y las mujeres son las protagonistas.”

 

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Otra joya. Una película documental centrada en Louga, Senegal. Rodada en tres idiomas, wolof, español y francés, cuenta con unas maravillosas imágenes e ilustraciones y una música aún más maravillosa. La mayoría de los protagonistas son “Griots”, artistas que transmiten la cultura de generación en generación a través de los cantos y bailes; y los tambores. Es más que un relato sobre dos sueños. Es una mirada a otra realidad. A otro tipo de familia. A otra forma de vida y de relación, de relaciones. Unas relaciones no exentas de problemas y complejidades, pero llenas de comprensión.

 

¿Cómo una española acepta la poligamia convirtiéndose en la tercera mujer del hombre al que ama? Pese a tener una opinión bastante formada sobre estas cuestiones, no voy a entrar en valoraciones. No creo que ese sea tampoco el objetivo de esta película.  Me quedo con la imagen de tres mujeres cómplices, de un marido que adora a sus hijos y a sus tres esposas; y de una niña que, sabiendo quien es su madre biológica, tiene y reconoce a tres madres.  

 

Me quedo con el respeto en la convivencia y con la convivencia en el respeto. Me quedo con la grandeza de la diversidad.

 

No siempre lo mejor es lo que se vende como bueno. No hay continentes ni historias que no se enlacen y no hay familias mejores que otras. No siempre los sueños se cumplen, pero muchas más veces de las que pensamos, tenemos la felicidad mucho más cerca de lo que podemos llegar a imaginar.

 

Viento… llévame a mi casa.

 

Sigo sin noticias nuevas. La sensación del paso del tiempo es ¡tan relativa!

 

La espera, con independencia de lo larga que pueda llegar a sentirse, es una oportunidad. Así lo leí, así lo sigo leyendo y así la interpreto. Una oportunidad para hacer todas aquellas cosas que, no se sabe cuándo, tendré que dejar de hacer; largas siestas, salidas nocturnas, salidas diurnas interminables y no precisamente en parques ni en columpios, viajes varios… Pero sobre todo es una oportunidad para preparar la casa, preparar a las personas que nos rodean, y prepararse. Prepararse para una nueva vida, para unas nuevas responsabilidades y unos nuevos retos. No sé si alguien lo consigue antes de que ese momento llegue, sinceramente no lo creo, y no precisamente por falta de tiempo.  Mientras tanto, en la medida de lo posible, intento seguir preparándome. Y siguen ayudándome a ello. Sigo ganando, por el color del trigo.

 

Son cada vez más los detalles, los regalos y los guiños que me hacen con el corazón y atraviesan el mío. Y muchos también, a cuál más especial, los que puedo compartir a través de estas páginas, aunque últimamente soy poco prolija escribiendo.

 

Me estoy convirtiendo en coleccionista de joyas y voy a empezar a lucirlas. Una de ellas: “Canciones infantiles y nanas del baobab. El África negra en 30 canciones infantiles” (Kókinos, Editorial. Colección Un libro, un CD. Barcelona, 2006 )

   

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Es una recopilación de nanas, canciones de boda y trabajo, danzas y juegos cantados de 10 países (Camerún, Congo, Costa de Marfil, Guinea, Guinea-Conakry, Mali, Mauritania, Ruanda, Senegal y Togo) y en 11 idiomas (bamena, bambara, kikongo, kinyaruanda, lingala, mina, peul, sägö, soninke, susu y wolof). El libro, con unas maravillosas ilustraciones de Élodie Nouhen, cuenta con la transcripción de las letras originales, su traducción al español y un anexo informativo sobre los orígenes, contexto cultural, gestualización e instrumentación de cada una de las 30 canciones que contiene el CD que lo acompaña.

 

Lo escucho a menudo. Si bien soy consciente de que jamás llegaré a aprenderme alguna de ellas, otras ya me empiezan a resultar familiares y soy capaz de, al menos, tararearlas. Y pienso si las conocerá.

 

He intentado grabar alguna para incorporarla, pero la tecnología se me resiste. Tampoco he conseguido encontrar ninguna en video. Me conformo con seguir escuchándolas y recomendarlas a todo el mundo, con independencia de adoptar, y de hacerlo en África.

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